¿Quién es Mohamed bin Salmán, el príncipe que encabeza una revolución económica y social en Arabia Saudita?

- en Carrusel, El Mundo
A lo largo de la historia han surgido figuras que acumularon suficiente poder para conseguir, no sin grandes esfuerzos, virar el rumbo de la civilización. Mohamed bin Salmán, príncipe heredero del trono de Arabia Saudí, tiene atributos necesarios para lograrlo y parece habérselo propuesto.

Mohamed bin Salmán quiere que Arabia Saudí deje de depender del petróleo; para ello quiere levantar el fondo soberano más grande del planeta de aquí a 2030, y desbancar a Noruega del trono.

A lo largo de la historia han surgido figuras que acumularon suficiente poder para conseguir, no sin grandes esfuerzos, virar el rumbo de la civilización. Mohamed bin Salmán, príncipe heredero del trono de Arabia Saudí, tiene atributos necesarios para lograrlo y parece habérselo propuesto.

Al menos en lo que respecta a su propio país, el gigante económico del mundo árabe, una nación que ya está inmersa en un tsunami de cambios orquestados por el joven príncipe, tanto económicos, como la diversificación de los ingresos del país, hasta sociales, como un aumento en las libertades civiles de las mujeres saudíes, que hasta ahora tenían prohibido conducir o acudir a eventos deportivos, y el levantamiento del veto de algunas actividades tan usuales en occidente como ir al cine.

También, ha destacado por mermar el poder de la policía religiosa del país, por reconocer el derecho de Israel a tener su propia tierra -también defiende el derecho del pueblo palestino-, y por reunirse con el líder de los cristianos coptos en Egipto dentro de una iglesia cristiana. También Arabia ha anunciado que emitirá las primeras visas para turistas este mismo año. Todos estos cambios, y algunos más, le valieron para convertirse en la Persona del Año 2017 para la revista Time, además de ganarse el apodo de Mr. Everything, por la magnitud y el alcance de las decisiones que está tomando.

El mercado no será ajeno a la transformación que ha planificado Bin Salmán: en el marco del plan económico que incluye Vision 2030, el proyecto de futuro que ha presentado para el país, la intención del heredero al trono es la de “transformar el Fondo de Inversión Público en el fondo soberano más grande del mundo”, una tarea que no será fácil ya que deberá superar al Fondo Noruego de Pensiones, que actualmente acumula casi 850,000 millones de euros en activos, frente a los casi 185 mil millones en activos que mantenía el fondo saudí al cierre de septiembre del año pasado.

Su plan es que supere los 320 mil millones en 2020, bajo el paraguas del proyecto Vision 2030, para seguir creciendo y alcanzar los 2 billones de dólares en 2030.

LA IRRUPCIÓN DE BIN SALMÁN 

El príncipe heredero al trono saudí es hijo mayor del actual rey, Salmán bin Abdulaziz, con su tercera esposa. Conocido en Arabia Saudí como MBS, es millenial, ya que nació en 1985 en Yeda, la segunda ciudad más grande de Arabia. Estudió el grado de derecho en la Universidad Rey Saud del país, al contrario que otros miembros de la casa real del país, que cursaron estudios en universidades occidentales. Es destacable que un hombre que estudió dentro de uno de los países más herméticos en cuanto religión de todo el planeta sea ahora quien pretenda dar un vuelco a las tradiciones que han regido su nación durante las últimas décadas.

Después de trabajar un tiempo en el sector privado, se involucró en política con 24 años, como asesor de su padre, quien entonces gobernaba la provincia de Riad. Con el tiempo fue creciendo políticamente hasta que en el año 2014 fue nombrado ministro del Estado.

Cuando su padre ocupó el trono del Reino en enero de 2015 fue inmediatamente nombrado ministro de Defensa y secretario general de la Corte, siendo, con solo 30 años, el máximo responsable de la defensa de un país más jo-ven de todo el planeta. El príncipe empezó su mandato al cargo de la cartera de defensa con puño de hierro: en marzo de ese mismo año arrancó la operación militar en Yemen que se denominó “Tormenta decisiva”, una intervención en el país vecino, Yemen, sumido en una guerra civil.

La operación suponía la entrada en el conflicto de una coalición de nueve países, liderada por Arabia, con el objetivo de debilitar a los rebeldes huthíes, de la rama religiosa chií -Arabia Saudí es un país casi exclusivamente suní, con las dos ciudades sagradas más importantes para el culto musulmán-, y financiados, según Arabia, por Irán, vecino y gran enemigo del país saudí.

Su rivalidad con el vecino chií quedó patente en una de las últimas entrevistas que ha concedido el príncipe, al diario The Guardian el pasado 2 de abril, declarando que el triángulo del mal está formado por “Irán, que quiere expandir su ideología extremista, los Hermanos Musulmanes, que quieren utilizar sistemas democráticos para gobernar países y crear califatos en la sombra por todas partes, y la tercera son los terroristas, Al-Qaeda, ISIS, que quieren lograrlo todo por la fuerza”. Según él, el líder supremo de Irán, “hace que Hitler parezca buena persona”.

Abril de 2016 fue un momento clave para Arabia Saudí: el reino presentó entonces el plan Vision 2030, en un momento en el que el precio del petróleo todavía no había conseguido recuperar los 50 dólares, tras el descalabro que sufrió entre verano de 2014 y enero de 2016. La influencia de MBS ya se hacía notar, ya que desde el principio fue uno de los máximos responsables de los objetivos que se ha marcado Arabia para la siguiente década.

Sin embargo, 2017 fue claramente el año de Mohamed: en junio fue nombrado heredero al trono, sustituyendo a su primo Mohamed bin Naif Abdulaziz Al Saud, quien hasta ese momento era quien ostentaba la responsabilidad de ser quien se coronaría, en caso de que el rey Salmán dejase el cargo. Ese mismo mes Arabia impuso fuertes sanciones comerciales y diplomáticas a su vecino Qatar, tras acusar al país de financiar al terrorismo, por presuntamente pagar un rescate milmillonario a terroristas que habían secuestrado a miembros de la familia real qatarí en Iraq.

Un ejemplo del cambio social que MBS pretende impulsar en Arabia llegó en septiembre de 2017, cuando se levantaron las prohibiciones de conducir y de asistir a eventos deportivos para las mujeres, vetos que llevaban décadas impuestos en la nación. Pocos meses antes, en febrero de 2017, la bolsa de valores saudí nombró por primera vez a una mujer como consejera delegada, algo que también hizo el banco del país Samba Financial.

Además, en noviembre de 2017 MBS llevó a cabo una operación por la cual se detuvo a cientos de altos cargos del país, entre los que se encontraban 11 príncipes, cuatro ministros y decenas de exministros, según explicó entonces BBC, un movimiento que ayudó a consolidar su poder, ya que algunos eran detractores de sus políticas.

ARAMCO E INVERSIÓN

¿Cómo se orquesta una reforma tan profunda de un país? En palabras de MBS, el proyecto a futuro para Arabia “se basa en tres pilares: ser el corazón del mundo árabe e islámico; ser una potencia inversora y ser el núcleo que conecte tres continentes: Asia, Europa y África”. Desde Financial Times resumen Vision 2030 como “un plan de reformas para asegurar que el Reino sobrevive en un mundo en el que petróleo cotiza entre los 30 y los 50 dólares”.

Hay que tener en cuenta que Arabia, a pesar de ser uno de los países que cuenta con uno de los costes de producción de petróleo más bajos del mundo, ha sufrido mucho el desplome de los precios del oro negro de los últimos años. La dependencia de la economía del Reino al petróleo es enorme, y esto es uno de los factores que MBS quiere cambiar. “No permitiremos que nuestro país vuelva a estar a merced de la volatilidad de los precios de una materia prima o de mercados externos”, destaca el príncipe en la introducción de Vision 2030.

Para ello, el país se ha propuesto diversificar sus ingresos “transformando Aramco de una empresa productora de petróleo a un conglomerado industrial global”, y convirtiendo “el Fondo de Inversión Público -PIF, por sus siglas en inglés- en el fondo soberano más grande del mundo”, destaca MBS.

La mitad del fondo estaría destinado a invertir fuera de Arabia. Hay que distinguir entre el fondo soberano saudí y la Autoridad Monetaria de Arabia Saudí, que controla cerca de 500 mil millones de dólares y se considera un fondo soberano en algunos listados, cuando realmente se trata del banco central del país, que incluye reservas de divisas, de oro y de petróleo dentro de esa cifra, y los activos y pasivos agregados de los bancos, ya sean privados o el banco central, dentro de esa economía, según se explica desde Bloomberg.

La venta del 5 por ciento de Aramco es una de las cuestiones que más candentes han estado durante los últimos años: el país valora la compañía en 2 billones de dólares, lo que supondría ser la empresa más grande de todo el planeta, y significaría que el fondo soberano, hacia donde se dirigirán estos fondos, ingresaría 100 mil millones de dólares por la venta de esa participación.

No hay que olvidar que en terreno saudí se encuentran las segundas reservas de petróleo más grandes del planeta, de más de 260 mil millones de barriles, sólo superadas por las de Venezuela. Es cierto que hay muchos analistas que dudan de la elevada valoración que Arabia hace de la joya de su corona, pero las cifras igualmente parece que serían meteóricas: según el análisis que hace Bloomberg de la empresa, “Aramco podría valer en torno a 1,5 billones de dólares”.

La venta de esa participación en la petrolera será un gran apoyo para conseguir que el fondo pase de los 185 mil millones de euros que mantenía bajo gestión a finales de septiembre de 2017 hasta los 320 mil millones que se han marcado como objetivo para 2020. De cara a 2030, la intención es que tenga un tamaño de 2 billones de euros, más del doble que los 850 mil millones que mantiene actualmente el fondo soberano de Noruega, el más grande del planeta.

Según el propio MBS, “los datos preliminares muestran que el fondo controlará más del 10% de la capacidad inversora de todo el mundo, y tendrá bajo gestión más del 3 por ciento de todos los activos del planeta”. Para hacerse una idea de la magnitud de esta inversión, una cartera de 2 billones de euros invertidos en empresas que ofrezcan un dividendo del 2.5% al año reportaría 50,000 millones de euros anuales al Reino saudí.

Sin duda, esto sería una revolución para los mercados mundiales. Tomando como referencia el ejemplo del fondo noruego, que actualmente tiene invertidos 9,530 millones de euros en bolsa española, un 1.12 por ciento de todo su dinero, si el fondo saudí lograse alcanzar el objetivo de 2 billones de euros en tamaño e invirtiese un porcentaje similar en bolsa española, supondría invertir cerca de 24 mil millones de euros en nuestro país. Noruega tiene inversiones en 88 firmas españolas cotizadas, desde los 1,380 millones de euros que mantiene en Banco Santander, hasta los 432 euros invertidos en Abengoa.

Qatar, por su parte, quien ya hizo los deberes en el pasado para diversificar su dependencia de los ingresos que recibe por vender gas natural, cuenta ya con casi una decena de posiciones en las que controla más del 10 por ciento de grandes cotizadas europeas a través de su fondo soberano, Qatar Investment Authority. En España, el vecino de Arabia tiene participaciones de ese calado en IAG, Iberdrola e Inmobiliaria Colonial, además de la empresa privada El Corte Inglés.

SU PRIMER VIAJE A ESPEÑA

El pasado viernes, según publicaron diversos medios, se conoció que MBS viajará esta misma semana a nuestro país. En esta visita, conocerá por primera vez al Rey Felipe VI, ha sido invitado al partido del día 11 entre el Real Madrid y la Juventus, y se reunirá con Mariano Rajoy el día 12 para firmar una serie de acuerdos, que en su día negoció Juan Carlos I.

Uno de estos es la venta de cinco corbetas de Navantia por 2,000 millones de euros, además de la remodelación del puerto de Yedá, que les servirá de base.

También, se espera que la Armada española y Arabia Saudí cierren un pacto para instruir en España a varios cientos de marinos saudíes, que serán quienes tripulen las corbetas cuando terminen de construirse.

 

Fuente: SinEmbargo.

 

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