La zona más activa; el Cinturón de Fuego, región volcánica

- en El Mundo
- El territorio que rodea al Océano Pacífico concentra ocho de cada 10 volcanes que hacen erupción cada vez que hay un movimiento de placas tectónicas.

La zona del mundo con más actividad sísmica y volcánica es conocida como el Cinturón o Anillo de Fuego y tiene 452 volcanes similares al de Fuego, en Guatemala, que hace una semana hizo erupción.

Esa región, que tiene forma de herradura, es “la más activa del planeta, pues en ella se concentran 90% de los sismos y 80% de los volcanes activos”, indicó a Excélsior Sergio Almazán Chematierra, geólogo del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

La zona tiene aproximadamente 40 mil kilómetros; inicia en Nueva Zelanda y recorre las costas e islas de Tuvalu, Samoa, Tonga, Islas Salomón, Papúa Nueva Guinea, Singapur, Brunéi, Timor Oriental, Malasia, Indonesia, Filipinas, Taiwán, Japón, Rusia y las islas Aleutianas, en los continentes de Asia y Oceanía.

Continúa en América pasando por Canadá, Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile.

Uno de los volcanes ubicados en esta zona, en Guatemala, hizo erupción la semana pasada.

La explosión fue tan violenta que el material piroclástico que arrojó (una mezcla de gas, rocas incandescentes y ceniza) enterró las comunidades de Rodeo y San Miguel los Lotes, en la ciudad de Escuintla.

El desastre ha cobrado la vida de al menos 110 personas y siguen desaparecidas cerca de 200.

El Cinturón de Fuego fue descubierto por un conjunto de geólogos, geofísicos y sismólogos, quienes después de muchas observaciones (que iniciaron con el análisis de los sismos y erupciones en Japón, a mediados del siglo XX) dedujeron que la zona que rodea al Pacífico es un lugar donde convergen la mayoría de las placas tectónicas y que al desplazarse impactan unas con otras, movimiento que se conoce como de choque o subducción.

Este tipo de movimiento de placas ocurre cuando “dos de ellas colisionan y la menos densa (la oceánica) se mete por debajo de la de mayor densidad (la continental). El desplazamiento genera que la corteza antigua se destruya al interior de la Tierra”, explicó Almazán.

Cuando esto pasa, “al interior del planeta hay una fricción y una reacción con altas temperaturas y gases”, detalló el experto, “cuando la presión de estos gases es mucha, comienzan a subir como una gran bolsa de material caliente que busca ser expulsada hacia la superficie”. Fue así como se formaron los volcanes de esta zona.

Violentas erupciones

A diferencia de los volcanes que hay en otras zonas del mundo, como el Kilauea de Hawái o el Etna, en Italia, los volcanes del Cinturón de Fuego tienen erupciones muy fuertes.

Esto se debe a que “la principal característica del Cinturón de Fuego es que cada desplazamiento de las placas tectónicas genera cambios drásticos y violentos en la corteza terrestre, los cuales buscan ser liberados hacia la superficie a través de un edificio volcánico”, explicó Sergio Almazán.

Así, cada vez que el volcán entre en una fase eruptiva, el fenómeno será “violento y explosivo, causando destrozos y desastre a su alrededor, ya que generan una expulsión de material piroclástico que tiene una temperatura de más de 700 grados centígrados y que consume todo lo que alcance de manera violenta, como lo vimos en Guatemala”, dijo el geólogo, especialista en prevención de desastres.

El hecho de que el mismo fenómeno se presente en los 452 volcanes del Cinturón de Fuego y que todos se encuentren localizados alrededor del Océano Pacífico no quiere decir que haya una conexión que indique que otro de estos cuerpos volcánicos va a hacer erupción.

“No se pueden producir erupciones en cadena. Los volcanes están separados por kilómetros y cada uno tiene su cámara magmática que se encuentra entre cinco y 10 kilómetros de profundidad. No hay conexión alguna entre el Volcán de Fuego (Guatemala) y el Chichonal (Chiapas) o el Popocatépetl (Puebla) y el Volcán de Colima”, puntualizó Sergio Almazán.

Prevención, la clave

Para Sergio Almazán, una parte fundamental para salvar la vida es que exista un plan de evacuación que esté vigente en caso de una erupción volcánica.

Contrario a los sismos, las erupciones se pueden anticipar gracias a una serie de herramientas que, desde 1970, se han desarrollado para evitar desastres.

Algunas de ellas son: el monitoreo de tremor volcánico (la vibración que se genera al interior del planeta por el ascenso de magma o la ruptura del edificio volcánico) y de los sismos vulcanotectónicos, así como el estudio de los gases que emanen del cráter y la detección de deformaciones en el edificio volcánico.

“En el mundo hay alrededor de dos mil volcanes que están activos o que pudieran volver a entrar en erupción. De éstos, entre 500 y 700 están activos y sus erupciones oscilan entre 60 y 80”, puntualizó.

En México se reconocen 42 volcanes activos, según el Servicio Geológico Mexicano.

Para Almazán, tragedias como la de Guatemala pueden evitarse si se entiende que “lo único constante en la Tierra es el cambio” y que es importante “cuidar el espacio físico que nos rodea para saber qué tipo de fenómenos naturales nos pueden afectar y cómo enfrentarlos”.

 

Fuente: Excélsior.

 

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