Oluta y sus tradiciones

- en Columnas

Esperanza Arias Rodríguez

Hace más de treinta años que radico en Oluta, hermosa Villa que tiene una historia prehispánica y con devoción preserva sus tradiciones, cultura y costumbres; a lo largo de tantos años, he sido testigo del cambio que ha experimentado esta localidad, cuna, según la tradición oral y algunos testimonios escritos, de la legendaria Malintzin, Malinalli, doña Marina, Malinche, – como usted guste llamarle-, en cuyo honor se erige una estatua, hasta por partida doble, en el pueblo.

Cuando llegué a vivir a Oluta, por azares del veleidoso destino, muchas de sus calles carecían de pavimento, entonces gobernaba Sabino Mora Rodríguez, a quien le agradeceré mientras exista en este mundo, el haber arreglado con concreto hidráulico la calle Aldama, misma que cuando llegué era un zanjón que me hacía sentir aislada y ajena totalmente a este lugar.

Con el tiempo fui testigo del desempeño de algunos de sus alcaldes, entre los que recuerdo: José Luis Herrera Bustamante, el profesor Ricardo Alemán, Mauricio Gómez Delgado, Jesús Manuel Garduza Salcedo “Chuchín”, Fernando Kuri Kuri, y si bien no conocí de primera mano el actuar de Felipe Alafita Hipólito, con los años lo traté y de él tengo una magnífica opinión, sobre todo por su empeño en mantener viva la herencia en piedra que dejaron los olmecas asentados en San Lorenzo Tenochtitlán, enclavado en Texistepec.

Conocí de cerca al ingeniero José Luis Herrera Bustamante, afable, directo, franco, seguramente su aporte, al igual que el del resto de los ex presidentes municipales, contribuyó a lo que hoy es Oluta, una apacible Villa con gran parte de sus arterias viales pavimentadas, su palacio, parque y bulevar bien cuidados que le dan buen aspecto a la localidad; servicios básicos como son drenaje, luz, agua potable. Como se sabe, actualmente lleva las riendas una mujer, la contadora María Luisa Prieto Duncan, y entre sus aciertos está el embellecer el acceso principal, dignificar la figura de la Malinche y poner énfasis en el origen mesoamericano del municipio. No obstante, justo es reconocer que ha sido “Chuchín” quien más le ha apostado cuando le ha tocado administrar el Ayuntamiento, al desarrollo de Oluta, sin menoscabo de nadie, cada cual hizo lo propio, acorde a su circunstancia política y social.

Hay tradiciones en este lugar que me encantan por ejemplo la feria de San Juan Bautista que este año por vez primera en el tiempo que tengo de vivir aquí, se suspendió por causa del coronavirus, sin embargo, no impidió el tronar de los cohetes, la celebración litúrgica y la preparación del popo y los tamales en buen número de hogares, porque los olutecos aman esa fiesta y había que mostrarlo.

Hay ciertas costumbres y creencias menos conocidas pero no menos presentes en el pueblo como lo son idea de que existen los chaneques, así como la presencia de curanderos, elementos ambos que forman parte de la tradición oral y el imaginario popular.
Recuerdo a don Macario, mi vecino que por muchos años se dedicó a hacer “limpias” para el mal de ojo, el mal aire, los espantos y toda esa gama de creencias tan arraigadas en nuestras abuelas.

Otro motivo de agrado para mí es su gastronomía, además del popo y los tamales, también se distingue por las memelas sencillas o de carne y embutidos que son la delicia de lugareños y visitantes; con el tiempo, los pollos asados Jiménez y Baruch, han atraído a los vecinos de Acayucan, así como las carnitas “El buen sabor” que muchos comentan deberían llamarse “Carnitas de Fallo Pereyra”, son deliciosas y las degustan no solo los lugareños, me atrevo a decir que tienen fama regional.

El comercio ha crecido bastante, recuerdo que anteriormente las compras era obligado hacerlas en Acayucan porque aquí solo existía una que otra “tiendita de la esquina” ( en la entrada del callejón donde vivo se ubica “Abarrotes Mónica”, propiedad de la familia Medina, con quienes he tenido vecindad por más de tres décadas de manera pacífica, les tengo aprecio y admiración, son gente honesta y trabajadora guiados por doña Chabe que siempre atendió su negocito y se dio tiempo para criar a sus numerosos hijos), y cuando más la Casa Ríos y el mini súper de la gentil señora Gaby Valdés. Hoy hay bastante actividad comercial, hasta un mercadito en la vía pública donde se encuentra de todo, desde queso fresco y de hebra, hasta chicharrones, pescado, carne de cerdo, verduras, frutas, pollo y varios comestibles más, así mismo encuentra en las calles principales el ama de casa, el jefe de la familia o el trabajador, minúsculas mercerías, tiendas de ropa, farmacias, tiendas de plásticos, ferreterías, panaderías, negocios de venta de pintura, sin faltar por supuesto en las noches los sabrosos tacos que desde Acayucan vienen familias enteras a consumirlos al igual que las típicas memelas. En la actualidad se encuentran asentadas inclusive dos tiendas de conveniencia.

Las familias originarias y en general la población es amigable, se vive en paz excepto cuando hay líos con la delincuencia organizada, pero tristemente ¿qué lugar se escapa de ese flagelo en nuestros tiempos?.

Oluta es mi segunda casa, soy originaria de San Andrés Tuxtla pero le tengo un cariño entrañable a esta pequeña demarcación y ¿cómo no? Si aquí nació mi única hija, ella es orgullosamente jicamera.

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