EL ESPACIO DE ATENEA

- en Carrusel, Columnas

Por: Esperanza Arias Rodríguez.

En tiempos de coronavirus

Sin duda el 2020 será un año inolvidable para los habitantes del planeta, pues se puso en riesgo el sistema económico vigente y nos hizo cuestionarnos sobre qué es lo realmente importante en nuestro paso por la vida, y que en ésta nada hay permanente.

En materia económica las señales son de alarma a nivel mundial, nacional y estatal, así por ejemplo, desde marzo la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, anticipó que la pandemia provocada por el COVID-19 traerá entre sus consecuencias más funestas una crisis económica sin precedente a nivel mundial y si bien en los países de la región se esperaba un crecimiento de 1.3% en general, la emergencia sanitaria cambió el panorama negativamente y el descenso será drástico.

A nivel nacional, tampoco hay buenas expectativas pues la Organización para la Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE) señaló que el PIB (Producto Interno Bruto) de México caerá 8.5% si existe un rebrote de COVID-19 y 7.5%, si se logra evitar, es decir, por donde lo veamos nos irá mal.

Por lo que hace a Veracruz, organizaciones como la COPARMEX o la CANACO mostraron su decepción con las medidas adoptadas por el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, al considerar los líderes de esas agrupaciones, insuficientes los apoyos fiscales y financieros, pues ni como paliativo ayudan.

En cuanto a nuestra región sur, está muy golpeada pues la emergencia sanitaria no vino sino a agudizar los problemas graves que ya se padecen desde hace varios años como el desempleo, la ausencia de inversiones para incentivar y/o crear la planta productiva, baja o ínfima apertura de comercios, más bien, en éste punto ha sido una constante el cierre de muchos de ellos, una, por la situación económica precaria y otra, por la delincuencia organizada que azota el sur y ha tomado como rehenes a muchos propietarios de medianos y pequeños negocios.

En tiempos de coronavirus cada día puede verse a los taxistas batallando para levantar pasaje y juntar el dinero de la cuenta del día, a los dueños de establecimientos de cualquier giro, excepto farmacias, las ventas en línea, las telecomunicaciones y los productos de higiene, -cuyos insumos tienen demanda-, pasando las de Caín para vender sus productos; a los locatarios del mercado Miguel Alemán, quejándose y encomendándose a Dios ante la escasa comercialización de su mercancía.

Y por si ese panorama no fuera suficientemente desalentador, se ha dado el retorno de familias enteras que de Acayucan, Oluta, Sayula y otros municipios de la región, emigraron tiempo atrás hacia Cancún, Campeche, en el sureste; o a Ciudad Juárez, Chihuahua, en el norte, buscando el empleo que aquí no existía, pero el cierre de negocios de la industria turística, en el sureste , y de las maquilas, en el norte, debido a la crisis de salud, los obligó a volver acá, en donde el panorama no ha cambiado, aún no hay fuentes de empleo, aunque ahora es peor, porque con la pandemia no hay manera de buscar el ingreso de manera informal y para rematar, tristemente, el coronavirus ha cobrado la vida de mucha gente conocida y apreciada en Acayucan y la zona. ¿Cuánto más durará?