Gustavo Dulanto; un desconocido llama a la puerta

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Su historia con el Sheriff se unió por un error que le hizo salir de Perú, hoy es el capitán de un equipo que debuta en Champions League
Entra tarde a la entrevista Gustavo Dulanto porque se ha entretenido viendo una serie mexicana Guerra de vecinas acompañado por su esposa.

Vive en un departamento en Transnistria, una franja independiente que limita con Ucrania y Moldavia, pero se siente complementado una vez que su familia está con él, pues pasó los primeros cinco meses solo.

Tiene una bandera peruana de fondo y se acomoda para platicar de su vida, “mis primeros recuerdos son de México, del Cachun-cachun, ra-ra de los Pumas. Mi papá me llegó a sacar a la cancha cuando tenía dos años, recuerdo con cariño a Cony Flores, la gerente del hotel. Después también recuerdo que veía camisetas de los Pumas en Perú porque mi papá las regaló a muchas personas de su barrio”.

Ése fue, para Gustavo Dulanto, su primer borrador de la felicidad.

Creció en Perú a la sombra del nombre de su padre, el Pocho, defensa del Universitario y de la selección que en las hemerotecas era material de consulta por su fama.

No quería que pensaran que por él me hacía futbolista y por eso preferí hacer las inferiores en Sporting Cristal, deseaba ganarme mi lugar, incluso hice labor en Rosario Central, en Argentina, cuando era adolescente”.
Impulsado por la sangre de futbolista, volvió a Perú para debutar en Universitario, equipo que trae en las venas, pasó por Cajamarca y luego en Garcilaso, con los que tendría un punto de inflexión que marcaría su vida.

Debido a un resbalón en un partido de fase previa de Copa Libertadores, hoy, Gustavo Dulanto jugará Champions League. Fue ante La Guaira de Venezuela cuando un error impidió que su equipo entrara a la ronda de grupos.

Me marcó para toda la vida, hasta el día de hoy me duele. me tocó cometer un error fuerte siendo el último hombre que asumo, pero también se ensañaron, porque pasé cuatro meses difíciles, jugaba y luego me borraban, así que decidí irme por mi tranquilidad y salió algo maravilloso como ir a Europa”.
La oferta del Boavista de Portugal llegó en un momento en que no estaban claras las ideas para Gustavo Dulanto, pero significó también un alivio para el tormento que atravesaba en Perú.

No podía caerme, tenía que cambiar el chip porque errar es de humanos y me considero una buena persona y profesional”.
En Boavista jugó 10 partidos entre octubre de 2019 y julio de 2020 y de pronto, otra vez la oscuridad cuando le avisaron que no entraba más en planes.

Regresó a Perú a entrenar en solitario, cuando una llamada de su agente le cambió la jugada.

Estaba manejando, iba con mi esposa y mi madre cuando me dijo de venir a Moldavia, recuerdo que al aceptar su respuesta fue, ‘te va a ir bien en la Champions’, si no hubiera sido por aquel resbalón a lo mejor seguiría en Perú”.
De esa manera se encaminó a Transnistria, en donde hablan ruso, la moneda es el rublo transnistrio y hay un páramo lleno de naturaleza.

No hay centros comerciales, vamos mi esposa y mi hija a caminar al centro donde hay plazas, alquilamos unas bicicletas, es muy tranquilo aquí”.
La vida es un constante paso entre Transnistria y Moldavia, “cuando vas a Chisinau, hay que cambiar a la moneda que es el leu, cruzar el límite fronterizo con tu pasaporte, cambian las redes móviles, es decir, el paso que parece sencillo se resiente en el cambio, pero no hay problemas internos ni guerrillas, está todo en paz”.

Lo único que rompe la calma es la euforia heroica del Sheriff, que alcanzó la Champions League y tiene a la ciudad vuelta loca.

UN PUMA EN DEUDA
Agarra los recuerdos al vuelo Alfonso Dulanto cuando se le propone hablar de Pumas, ese equipo del que formó parte en 1997 con crasos resultados.

Creo que tuvimos cuatro entrenadores en un año, la verdad es que acepto que no anduve bien, pero éramos todos”.
Por esa época pasaron por el banquillo Pablo Luna y Luis Flores entre otros, con un plantel que desperezaba a veteranos como Cristian Domizzi y sobre todo al alemán Bernd Schuster, “si criticaron a Schuster, imagínate a mí”, bromea Dulanto.

Observado en su desempeño en el Universitario de Deportes de Lima y con un fugaz paso en España con el Mérida, Pumas lo trajo para atornillar la defensa y él pidió consejo en aquel tiempo a Juan Reynoso, líder de la defensa en Cruz Azul.

Teníamos muchos jugadores de fuerzas básicas y complementaron al equipo con Schuster, al que le dio un dolor de muela, se fue a curar a Alemania y nunca más vino”.

A pesar de todo entiende Dulanto que ése era el territorio habitual de los Pumas, obcecados por sacar jugadores del semillero aunque sufrieran efectos colaterales.

Jugar con Braulio Luna, Carlos Cariño, Christian Ramírez, Olalde o Joaquín Beltrán en sus inicios, fue impresionante, porque venían jugando de la misma manera desde las inferiores y no cambiaban, eso es un club de futbol, pero tristemente nos fue mal a todos y los cargábamos con más peso. Me hubiera gustado quedarme más tiempo”.
En aquel entonces, su hijo Gustavo tenía dos años y vivían en el Hotel Radisson sobre Periférico sur. La gerente Cony Flores se hizo amiga de su esposa y fue parte esencial de que la pasaran bien el tiempo que estuvieron.

Hoy, planea ir a los partidos de Champions del Sheriff para apoyar a Gustavo, “su tio le regaló un balón con firmas de jugadores del Real Madrid, de los años cuando estaba Cristiano Ronaldo, es un aficionado de este equipo, pero la vida da vueltas y ahora los va a enfrentar, cuando antes sólo lo hacía por video juego”.

 

¿DÓNDE VIVE EL SHERIFF?
El Sheriff es un equipo de Transnistria, una zona independiente que no es reconocida como país por la Organización de las Naciones Unidas.

La capital es Tiraspol, en donde se encuentra precisamente la sede del club con instalaciones de primer orden entre las que se cuentan cuatro canchas de futbol y lo necesario para mantener en forma al equipo.

Tras desmembrarse la Unión Soviética, Transnistria fue dominada por separatistas de Tiraspol que iniciaron un levantamiento militar interno que culminó unos meses después, en julio de 1992 con la independencia de facto de este territorio que tiene moneda propia, gobierno, parlamento, ejército, policía y constitución organizado todo en un régimen presidencialista.

Es un estrecho valle que se extiende a la orilla del río Dniéster formando una frontera natural con Moldavia y del otro extremo, una línea divisoria de 400 kilómetros con Ucrania en su parte este.

El equipo Sheriff, fue fundado por dos exagentes de la KGB en 1996 debido que el principal negocio de Viktor Gushan e Ilya Kazmaly era la seguridad privada para empresas.

Hoy en día, este par de empresarios manejan todas las gasolineras de la región, además de las licencias del gas así como su distribución hasta conseguir un canal de televisión y la licencia de Mercedes-Benz.

Al no existir una liga reconocida por los organismos regentes del futbol mundial en Transnistria, el Sheriff, cuyo precedente como nombre fue el Tiras Tiraspol, se adhirió a la liga de Moldavia desde la Tercera división de ascenso  en 1996 hasta que en 1998, ya con su denominación actual, ha podido levantar la liga hasta en 19 ocasiones siendo el más ganador y borrando de un plumazo al equipo de la capital, el Zimbrú Chisinau que hasta antes de la llegada del Sheriff era el equipo absoluto en Moldavia.

El Sheriff inició su camino en julio para aspirar a la Champions cuando eliminó en primera ronda al Teuta de Albania para después dejar en el césped al Alashkert de Armenia.

Tuvo que eliminar después al Estrella Roja de Serbia y al Dinamo de Zagreb de Croacia.

Fuente: Excélsior.