A cuatro años del sismo de 2017, en Morelos los apoyos no llegan para las familias

- en Carrusel, Nacional


A pesar de destinar millones de pesos para la famosa reconstrucción, los apoyos siguen sin llegar y la gente muere esperando que le entreguen su casa nueva

Cuatro años después del sismo del 19 de septiembre de 2017 que golpeó duramente a Morelos, las cosas siguen igual para decenas de familias afectadas: las promesas de todos los gobiernos se convirtieron en mentiras, los apoyos no llegan, la gente muere esperando su vivienda reconstruida, e incluso, algunos afectados hasta han sido perseguidos por los propios gobiernos.

Las denuncias se multiplican en los cuatro puntos cardinales de la entidad, aunque se acentúan en los municipios que fueron más afectados por el sismo que a las 13:14 horas de aquel martes tuvo como epicentro la comunidad de Contla, en los límites entre Puebla y Morelos. Axochiapan, Tepalcingo, Jojutla, Zacatepec, Tetela del Volcán, Ocuituco, Zacualpan de Amilpas, entre otros, fueron las comunas más afectadas.

Y a pesar de destinar millones de pesos para la famosa reconstrucción, los apoyos siguen sin llegar y la gente muere esperando que le entreguen su casa nueva. Doña Engracia Ocampo, por ejemplo, una mujer de 87 años, murió a principios de septiembre. Hace cuatro años ocupaba una pobre vivienda en la Hacienda Vieja de Zacatepec. El sismo la dejó con sólo unas láminas y unos plásticos y así vivió durante mil 436 días, con la promesa de que le reconstruirían su vivienda, pero le fallaron todos: la federación, el estado y el municipio.

Con ella, suman seis personas que han fallecido en los últimos cuatro años y se han ido sin poder ocupar su vivienda. Al menos de las personas de la Hacienda Vieja, en Zacatepec, son 32 familias las que no pueden ocupar las viviendas que ya están prácticamente terminadas. Sólo ha tomado cuatro años y no parece que puedan hacerlo pronto.

Los problemas que enfrentan son la falta de servicios públicos que el ayuntamiento no ha podido o no ha querido darles, la falta de certeza jurídica respecto al predio donde fueron reconstruidas, sin poder regresar a al terreno que ocupaban antes, porque la Hacienda Vieja simplemente se está cayendo a pedazos.

Las casas nuevas terminaron de construirse en marzo de 2019, pero no tienen agua ni drenaje ni luz eléctrica, por lo que es imposible ocuparlas. “A las autoridades no les interesa, no tienen la sensibilidad, son unos cabrones, llevamos cuatro años esperando y sobre todo los últimos dos y nadie nos hace caso”, dice uno de los vecinos.

Como el de las familias de la Hacienda Vieja hay otros casos en los que las personas afectadas han sido burladas, engañadas, abandonadas y olvidadas por las autoridades. En este lugar, las personas tuvieron que construir viviendas provisionales en la vía pública, prácticamente duermen en la calle, han padecido las terribles lluvias de estos años y han perdido muebles y pertenencias.

En Jojutla, donde el sismo dejó dos mil 400 casas afectadas, algunas de las cuales colapsaron y otras más tuvieron que ser demolidas, a cuatro años del sismo, la reconstrucción alcanza apenas el 75% de las viviendas recuperadas. Esto ha sido posible gracias a fundaciones privadas que han apoyado con la edificación de nuevas moradas para las familias, porque ni el gobierno federal ni el estatal han destinado mayores recursos.

La esperanza muere al último. En marzo pasado, Andrés Manuel López Obrador informó de visita por la entidad que hasta 2022 se espera concluir con la reconstrucción de viviendas afectadas en todos los estados de la república. Sólo en Morelos, los núcleos familiares damnificados rebasaron los 23 mil en los 33 municipios.

A la tardanza se suman las dudas sobre el manejo de los recursos, particularmente porque hay que recordar que el gobierno de Graco Ramírez intentó hacerse con las despensas que se estaban recolectando para las víctimas, lo que provocó una reacción social que obligó a que otras instancias se hicieran cargo de la recolecta de víveres. En la entrada del estadio Agustín Coruco Díaz, en Zacatepec, todavía resuenan los reclamos a voz en cuello de decenas de vecinos que le gritaron en su cara al perredista: “!Ladrón, ratero!”.

Monumentos históricos

Otro de los rubros pendientes a cuatro años del sismo son los monumentos históricos, los santuarios y las zonas arqueológicas dañadas por el fenómeno. El 19 de septiembre de 2017 se reportaron daños a 259 inmuebles que son catalogados como históricos: exconventos, iglesias, capillas, casas, acueductos, monumentos, entre otros, a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

De esos, la reconstrucción ha concluido en 191 de ellos, es decir, el 73% del total. Quedan 68 monumentos sin concluir, particularmente exconventos, que resultaron seriamente dañados. Entre los más importantes, están la Catedral de Cuernavaca y el Santuario de Tepalcingo, y fuera de los recintos religiosos, también está pendiente la conclusión del Palacio de Cortés en Cuernavaca.

Hace poco, Fernando Duarte Soriano, coordinador de Monumentos Históricos del Centro INAH Morelos, dijo que el trabajo ha sido lento porque muchas veces hay que esperar la “consolidación” de estructuras para luego continuar el trabajo. Puso como ejemplo que cuando se trabaja en cúpulas, campanarios o bóvedas, luego de hacer el trabajo de reconstrucción se debe aguardar un “tiempo adecuado” para poder continuar la restauración. Esto hace que no se avance como la población espera.

Persecución a damnificados

Un grupo de vecinos afectados por el sismo del 19 de septiembre sigue esperando que lleguen los apoyos. Sin embargo, se quejan porque en el colmo de las desgracias, no sólo perdieron todo, han pasado 48 meses esperando que les resuelvan algo, sino que tenido que llenar formatos y solicitudes cinco, seis, siete veces, porque siempre son excluidos de los padrones de apoyo.

De plano, en el 2020, cuando tenían la esperanza con el nuevo gobierno de que les llegaran los apoyos, ni siquiera Andrés Manuel López Obrador pudo cumplirles, pues no sólo ni les llegaron, además recibieron notificación de que les estaban abriendo un procedimiento legal para exigirles que devolvieran el recurso, un dinero que jamás recibieron, pero que según la información oficial, “no fue ejercido”.

Los esquizofrénicos mecanismos burocráticos de los gobiernos federal y estatal, han convertido a una treintena de familias de damnificados en perseguidos. “Será esa la Cuarta Transformación”, se pregunta intentando sonreír una de las personas afectadas. Y es que los funcionarios de la Comisión Nacional de Vivienda que han llegado al lugar suelen portarse prepotentes y groseros, según describen los afectados.

Algunos de ellos, en el mejor de los casos, recibieron del Fonden en tiempos de Peña Nieto 120 mil pesos divididos en dos ministraciones, una de 90 mil y otra de 30 mil, pero con eso no concluyeron la construcción. Porque además, existen casos donde en un mismo terreno vivían dos o tres familias, pero el Fonden sólo les reconoció una vivienda, así que al menos una o dos familias se quedaron sin nada.

No obstante, los 120 mil pesos no alcanzan ni para terminar una casa completa. Las familias siguen viviendo en donde pueden y como pueden, mientras que las autoridades federales o sus funcionarios los tienen abandonados o sólo los visitan para darles malas noticias. Hace unos días, Enrique Castrejón, del Centro de Jojutla, recibió la noticia de que luego de batallar por cuatro años, el recurso que le correspondía le será entregado a otra familia, “porque lo necesita más”. Y ya, no hay más explicación.

Así es como se llega a los cuatro años del sismo que sacudió la tierra y las conciencias. Hace unos días, el 7 de septiembre, el sismo de 7.1 grados que tuvo su epicentro en Acapulco, trajo consigo recuerdos horrorosos de lo ocurrido en 2017. El fantasma de una nueva tragedia está presente, mientras que decenas de familia siguen igual que entonces. “No se ve para cuándo”, dice uno más de los vecinos. “Total, para los funcionarios somos números, qué más da que nos apoyen ahora o en 2022, ya llevamos así cuatro años”, lamenta con los ojos vidriosos.

Fuente: Proceso