Acayucan, Ver. – Hoy fue el último día en el que Anita llegó a su lugar de trabajo, el mismo que la vio desarrollarse como “canastera” por 9 años, pero ahora no estuvo de pie, entusiasmada y con el ánimo para atender a sus clientes.
Ana María Jerónimo Morales de 50 años, venía dentro de su ataúd, después de que unas balas equivocadas se incrustaron en su cuerpo y le arrebataron la vida.
Sus compañeras de trabajo, aún no se explican la indignante situación, sus hijas aún lloran de rabia e impotencia porque la mujer de carácter firme y de fe inquebrantable, dejó este mundo de la manera más trágica.
La noticia que escaló a otros niveles y causó el mismo coraje que sintieron quienes la conocieron, porque la víctima fue una mujer trabajadora y con proyectos para efectuarse a futuro.
La atmósfera mientras despedían a Anita en el cruce de las calles Enríquez e Hidalgo, era triste y esa exigencia generalizada de que pare la violencia se percibía incluso hasta en el silencio.
Ojalá la muerte de Anita, no sea uno más de los cientos de casos donde la impunidad le da vitalidad a los delincuentes y así el espiral de violencia siga creciendo a niveles que jamás pensamos que llegarían.





